Mostrando entradas con la etiqueta Ensayos teóricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ensayos teóricos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de septiembre de 2010

PSICOANALISIS/ Psicosis

 El paradigma del desencadenamiento

Por José Méndez 

  A- Introducción

Con la desaparición de Lacan, en el campo de la psicosis, quedan extendidos los lazos para anudar con mayor teoría la clínica. La segunda clínica de Lacan deja preparada cuestiones que serán abordadas por sus discípulos en este campo.

Es posible, que estemos en los principios de esta consolidación de una primera etapa en estas cuestiones, los encuentros de Anger, Arcachon y Antibes, en los fines del 90´,  podrían ser considerados incipientes movimientos que intentan plasmar, una relectura de la herencia lacaniana en materia de psicosis. Esta evolución de conceptos, por el momento, parece algo dispersa y debe consolidarse con la clínica.

El concepto de la forclusión del nombre del padre, no modificó el planteamiento de la cura analítica en la psicosis, no obstante, luego de la muerte de Lacan algunos de sus discípulos comienzan con “el otro centramiento” del que habló el “maitre”; si bien lo no reprimido no se interpretará, será posible alguna elaboración. Se modifica, entonces la clínica de la psicosis apuntando a una moderación del goce para permitir una elaboración de suplencias. Esto cuestiona la pertinencia del concepto de forclusión del nombre del padre.

La pluralización del nombre del padre, su declinación y aplicación en los nudos borromeos y la fijación final al síntoma permitieron el encuentro con otras soluciones subjetivas en materia de suplencia a la función del Padre.

Precisamente, la pluralización del Nombre del Padre, permite la apertura hacia una ley subjetiva que se sostiene en el sinthome ya que este anuda el goce-sentido, por lo cual el Nombre del Padre ya no puede ser considerado un universal, sino una invención subjetiva posible. La forclusión no será, entonces, entendida como un universal a reparar, existirá la posibilidad de suplencias en la psicosis, relacionadas con la clínica borronea. De esto se testimonia en Angers, Arcachon y Antibes. Entonces, tenemos:

 1)  Primera clínica, discontinuista con el mantenimiento de categorías netas como neurosis-psicosis-perversión. Es segregativa, con un rasgo diferencial permanente –el Nombre del Padre- cuya represión o forclusión define una estructura neurótica o psicótica.

 2)  Segunda clínica, continuista, dedicada al estudio de las deformaciones o rupturas de los anudamientos de la estructura del sujeto. En la que no se puede distinguir un elemento diferencial, que no es segregativa y a partir de la cual se amplía la concepción del Nombre del Padre, se toma su pluralización. Entonces, la metáfora paterna es un aparato del síntoma entre otros cuyo fin será el de garantizar la articulación entre la operación significante y sus consecuencias sobre el goce del sujeto.

Ubicadas estas dos concepciones clínicas, podríamos formularlas a modo de matemas para globalizar las ideas de este escrito:

·         Formulación básica

Para toda psicosis hay forclusión del Nombre del Padre

·         Formulación “canónica”

Para toda psicosis, ante Un-Padre equivale un desencadenamiento

·         Formulación extendida

Para toda psicosis, ante Un-Padre, no siempre equivale a un desencadenamiento

 

B- Un comienzo: la constitución del paradigma

 El concepto de desencadenamiento es un término lacaniano, correspondiente a la teoría de la psicosis que designa el inicio con evidencia clínica de la estructura. El acercamiento teórico de la psiquiatría pueden pensarse así:

·   la locura fue asociada como una enfermedad más de cuerpo.

·   la psiquiatría clásica habla de “descompensación, pero como fenómeno clínico, y no como concepto estructural.

El concepto de desencadenamiento en Lacan, y como paradigma inicial reúne tres cuestiones:

1.      Una causa accidental, siempre incierta y casual: el encuentro con Un-padre.

2.      La disolución de una estabilización: identificaciones puramente conformistas

3.      La operatividad de una causa específica: forclusión del Nombre-del-padre

 

Estos tres rasgos fundamentales del desencadenamiento, además de convalidar los dos primeros matemas, tienen su evolución en la bibliografía lacaniana:

 

Hasta 1957

La Familia (1938). Anticipando la postulación de 1957, Lacan concebía el desencadenamiento a partir de una estructura que reproduce el momento culminante del Complejo de Edipo y que revela su fracaso. En estas circunstancias, el objeto paterno de la identificación edípica no conseguía superar al objeto del deseo, dejando de esta forma al sujeto enfrentado sin mediación con imágenes narcisistas

 

A partir del 60´

Lacan mismo señala dos formas distintas de desencadenamiento:

1) Seminario 3. Pág. 360 ”si, si, si, al vecino”

A ciertos sujetos psicóticos se les presenta la angustia cuando la situación les exige sostener su opinión o asumir sus responsabilidades.

 

2) De una cuestión preliminar…: Los sabios psicóticos (Cantor, Janos, Julios Robert von Mayer, etc.). revelarán que no siempre el Padre está presente en el desencadenamiento psicótico.

   Se impone un giro en la incompletud del Otro: la hiancia de lo simbólico no se puede reducir,  cada sujeto se tiene que adaptar a ella. Entonces el nombre del Padre (ahora escrita como S(A), se transforma en el significante que permite darle una respuesta fálica a la hiancia del Otro. Cuando el desencadenamiento revela la falla de esta respuesta, aparece una figura persecutoria, el Un-Padre en lo real.

   No es el encuentro con Un-Padre lo que muestra la falla simbólica, sino la confrontación de la incompletud del Otro es que hace surgir al Padre gozador, por lo cual, justificaría proponer una formulación extendida del paradigma del desencadenamiento.

 

B.1. Breve panorama teórico

a)  Estructura de las psicosis paranoicas, de 1931, aparecido en La Semaine des Hôpitaux de París, Nª 14. En este texto, el concepto de desencadenamiento se asimila al de eclosión delirante.

 

b) Tesis de 1932

Lo que Lacan denominará “momento fecundo”, en esta tesis acordará con Serieux y Capgras en considerar a la “significación personal” como el fenómeno central de la psicosis. Esto es cuando el sujeto experimenta la certeza de ser el blanco de una significación cuyo sentido es enigmático.

 

c) La Familia (1938). Anticipando la postulación de 1957, Lacan concebía el desencadenamiento a partir de una estructura que reproduce el momento culminante del Complejo de Edipo y que revela su fracaso. En estas circunstancias, el objeto paterno de la identificación edípica no conseguía superar al objeto del deseo, dejando de esta forma al sujeto enfrentado sin mediación con imágenes narcisistas.

 

d) Seminario 3 – Schreber

     En el caso Schreber, al recorrer el Seminario 3, con una lectura simultanea del Capítulo IV de las Memorias… podemos reconstruir los diferentes momentos de la paranoia, digamos clásica.

      Un primer momento, denominado Prepsicosis, en un sentido sincrónico, sin desencadenamiento y sostenido en identificaciones puramente conformista. Así llega Schreber a los 51 años, previo una primera enfermedad, en dónde se produce un primer sacudón de la instancia imaginaria en la cual se sostiene al perder las elecciones para el Reichtag. Su “inminente designación” como presidente del Supremo tribuna de Dresde, convoca a las pocas semanas al agotamiento, y en esa serie surge el sueño de duermevela (qué bonito sería ser una mujer sufriendo el acoplamiento) ingresando así, en la fase prepsicótica, momento de perplejidad (el sueño) y los fenómenos de franja (ruidos en la pared). Luego continúa con el desmoronamiento (cataclismo) imaginario, seguido de una franca aparición de delirios que culminarán en la denominada metáfora delirante, sustitutiva de la Metáfora Paterna. Si la graficamos esquemáticamente tendríamos:

 

 

e)  De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, 1958

Este texto se encuadra en el concepto de la incompletud del Otro, y la psicosis es abordada desde la neurosis: el esquema I, es una deformación del Rho. En sentido contrario, del síntoma psicótico inscripto en lo real, va más lejos que la cuestión inconsciente: con el “eso goza”, se innova la concepción del Nombre del Padre, por nombrar un goce es el principal objetivo de este significante que se aligera hasta no ser nada más que un semblante. Al estar forcluído queda descubierta su función fundamental: enmascarar el Un-Padre real que maniobra como mayor crudeza en la psicosis.

 

De esta forma queda constituidos los tres ejes señalados más arriba (causa accidental: el encuentro con Un-padre, disolución de una estabilización: identificaciones puramente conformistas y  operatividad de una causa específica: forclusión del Nombre-del-padre), en dónde el desencadenamiento estaría referido a este encuentro que desenmascara los efectos de la forclusión del Nombre-del-Padre, es decir, la ausencia de significación fálica. El encuentro con un goce, demuestra si el sujeto dispone o no de ese significante fundamental.

 

La evidencia de fenómenos elementales, precisos, dan cuenta de la estructura psicótica en donde los “abismos” o agujeros se surcan en lo Simbólico con P0 (alucinaciones verbales y trastornos del lenguaje, de la palabra y la enunciación, y fenómenos de pensamiento impuesto) [automatismo mental]) y en lo Imaginario con F0 (ideas vinculadas con la sexualidad y el cuerpo, delirantes; pasaje al acto, alguna disfunciones corporales, ideas referidas al amor y a las relaciones sexuales, perdida enigmática del sentimiento de vida) según el esquema I (deformación del esquema Rho).

 

B.2. Viñetas clínica: la confirmación del paradigma “canónico”

 

-    Una psicosis escrita

N., 73 años, publica su libro “Qué pasa en la Argentina según los ángeles”, en dónde testimonia su nuevo estado. La primera parte del libro (Ciencia y mística) da cuenta -sin muchos detalles- de algunas cuestiones de su vida. El desencadenamiento se precipita a partir de dos cuestiones, el libro Nunca más y la  muerte de su esposo. Continúa con un sueño: la virgen de la Medalla Milagrosa le solicita que salve a la patria organizando una cruzada social (“Paz, Amor y Democracia”) desde la Argentina que deberá recorrer los pueblos de América.. Luego comienza la segunda parte del libro titulada Las primeras señales con el relato de diferentes milagros, y elucubraciones delirantes que ponen de manifiesto todos los fenómenos elementales típicos.

Luego, la tercera parte, encontramos Mensajes angélicos, Diálogo con los Angeles, Vox angelica, etc. La trayectoria, es, casi típica:

 

1.      Sostenimiento en una posición imaginaria

2.      Lectura de libro Nunca más y fallecimiento del esposo

3.      Desencadenamiento: sueño con la virgen

4.      Conformación y evidencia de los fenómenos elementales

5.      Posición delirante

 

-    Una esquizofrenia

L., 21 años, es traído por su madre a un hospital público. Los síntomas más destacados, en un principio fue la apatía afectiva; se presentaba insensible, incluso a los dolores físicos. La mirada perdida, de caminar cancino, lento y automático. Con gestos bizarros, insomnio, frases desordenadas e interrumpidas, sin sentido, transcurría sus horas caminando en círculo, comía en forma exagerada, grosera y desordenada, que luego vomitaba. Podía estar frente al televisor (apagado o encendido). La memoria, inteligencia y orientación estaban conservadas.

El desencadenamiento es paulatino, se realiza en distintas etapas, se suceden a través de una serie de acontecimientos que van desmoronando sus compensaciones imaginarias, todos relacionados con la muerte. El acontecimiento más detonante, sucede en la víspera de una mudanza a la provincia de Corrientes: escapa de noche, pinta su cuerpo con antióxido; desnudo es encontrado dos días después gritando y revolcándose en los matorrales a un costado de la ruta.

Ya instalado con su familia (12 años) el desmoronamiento final se acelera, deja el colegio, la bizarría de sus actos se acentúa (gestos y palabras).

La trayectoria, esquemáticamente sería:

1. Compensación imaginaria

2. Desmoronamiento progresivo con fenómenos elementales ante sucesos conmocionantes durante la infancia

3. Mudanza y desencadenamiento

4. Cuadro alucinatorio, sin delirios estructurados. Notorias alteraciones del lenguaje

 

B.3. Un origen al paradigma del desencadenamiento

 

  1. Hasta aquí hemos descriptos –brevemente-  tres casos, con variaciones sobre la tipicidad del caso Schreber, establecidas desde el Seminario 3 y De una cuestión preliminar…, en todos los desencadenamientos, está presente una división subjetiva en un antes y después. Registramos la evidencia antes que su análisis circunstancial. El tema que nos convoca es si esta “tipicidad” está cuestionada en el campo del desencadenamiento.

 

  1. Las diferencias entre las estructuras subjetivas surgen cuando nos planteamos cuestiones del significante del Nombre-del-padre inscripto en el discurso del paciente. A partir de allí podremos plantear un diagnóstico diferencial, desde los efectos de esa inscripción. La posición estructural de Lacan podríamos, entonces resumirla: en el principio hay Bejahung o Verwerfung. Después los efectos.

El significante del nombre-del-padre, o se inscribe en lo simbólico, o se rechaza, forcluído, pero sin simultaneidades. Esto constituiría el paradigma del desencadenamiento, es decir el origen, de comenzar a considerar el fenómeno.

No es el momento “de..”, es decir la dimensión temporal de la forclusión, sino su estado latente de origen cuando la oportunidad de los circunstancial resuene en la estructura subjetiva el significante en lo real des-encadenará de su ¿precaria? atadura simbólica.

 

  1. El desencadenamiento estaría referido a ese encuentro que desenmascara los efectos de la forclusión del significante del Nombre-del-padre, es decir, la ausencia de la significación fálica. El momento mismo del desencadenamiento esta dominado por el encuentro –siempre fortuito- de un goce (del Otro u Otro goce) y la imposibilidad con la que el sujeto se enfrenta para simbolizarlo y encontrar un modo de subjetivación.

 

 

C- Segunda clínica: hacia la extensión (o relativización) del paradigma del desencadenamiento

 

Delinear la segunda clínica de la psicosis, es más complicado, está confeccionándose en los lógicos términos largos de una generación de analistas postlacanianos basados fundamentalmente en la dispersa práctica clínica a nivel mundial, por lo cual se aproximan ideas generales que deben ser confrontadas con la realidad.

Formando parte de este nuevo viraje clínico, las nuevas ideas pivotean en que no toda psicosis implicaría un desencadenamiento irreversible, como Schreber, o los casos presentados. Estamos ya, entonces, sobre la denominada “segunda clínica”, esta torsión comienza antes de Angesr, Arcachon y Antibes. El progreso de estos nuevos conceptos a partir de una relectura de la teoría y los casos clínicos presentados podríamos esbozarlas de la siguiente manera:

 

La cuestión preliminar en la psicosis podría resumirse en la forclusión del significante del nombre del padre, propiedad de la psicosis. Lo propio sería un modo de llegar a un algún universal de la psicosis, porque permite hablar de la psicosis como conjunto. Este universal sería la falta del significante del nombre-del-padre. Lacan parece interesarse mucho por este punto decisivo y particular: el desencadenamiento, el efecto de la forclusión se hace más evidente. Aunque la estructura ya está manifiesta por el lenguaje.

De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, tiene su después en Agnes, Arcachon y Antibes. Estos son referentes insalvables en las consideración de la psicosis desde la perspectiva lacaniana, en especial, la clínica borronea, pues permite una perspectiva más afinada y superar los bordes de lo inclasificable.

 

D – Comentarios finales y Conclusiones Provisiorias

 

En esta segunda clínica, poco estudiada todavía, encontraríamos la estructura psicótica sin desencadenamiento. Lo cual no sería una novedad, pero, el tema estaría centrado en las suplencias de esta estructura, de algo que oficie de función paterna.

Otras de las cuestiones que se establecen con estas nuevas formas clínicas a estudiar es que no sería una graduación entre neurosis y psicosis. Si para la neurosis, el punto de basta será el Nombre del Padre, para la psicosis será otra cosa que el Nombre del padre. (Los inclasificables… P. 395).

Atinado, también será el comentario de Serge Cottet, en la Hipótesis continuista de las psicosis, cuando invita, a partir de la pluralización del Nombre del Padre, a “extraer las consecuencias de una clínica e las suplencias abierta a una gran variedad que el concepto de forclusión y sus efectos permiten deducir por sí solos…”

¿Qué representa clínicamente este nuevo panorama en la revisión de estos viejos y nuevos conceptos lacanianos?

-    Que existen estabilizaciones propias de los sujetos de estructuras psicóticas

-    Contribuyen a examinar la concepción de una clínica poco estudiada

-    La frase de Lacan de “no retroceder ante la psicosis” debe ser un impulso a estudiar cómo podría ser elaborar un manejo específico de la transferencia en estos casos.

-    El delirio psicótico es compatible con el ejercicio de las más elevadas facultadas intelectuales, lo cual promueve y evidencia que los psicóticos tiene recursos creativos que abren nuevas posibilidades en sus tratamientos, es decir: pueden articular suplencias, con lo cual podrían modificarse, como en otras estructuras, las posiciones subjetivas.

 

  • El paradigma del desencadenamiento “clásico”, tal como se presenta en el Seminario 3 y en De una cuestión premilitar… esta, ya, replanteados a partir de los encuentros de 1995 en adelante. filtrado por la clínica borronea, es decir una clínica de suplencias.

 

  • Las consecuencias de esta relativización, extensión del paradigma del desencadenamiento repercute en la clínica, en especial en el campo de la transferencia analítica. Pero no precipita su caída, sino lo extiende. O también puede plantearse que no existe paradigma.

 

  • Saber distinguir un desencadenamiento para definir un abordaje psicoanalítico, es en dónde toma cuerpo la idea del paradigma. No encontramos respuesta automáticas para dar cuenta del momento desencadenante, pero encontramos dos lugares ciertos que configuran la temporalidad:

 

a) Una falla en la prepsicosis sincrónica

b) una confrontación con la incompletud del Otro.

 

Las nuevas épocas confirmarán, modificarán o no estos nuevos latidos teóricos extraídos de la clínica

 

 

Bibliografía consultada

 1.      La forclusión del nombre del padre. Jean M. Maleval

2.      Los inclasificable de la cínica psicoanalítica. Autores varios

3.      La psicosis ordinaria. Autores varios

4.      La lógica del delirio. Jean M. Maleval

5.      Estabilizaciones en psicosis. Eric. Laurent

6.      El analiticón. Nº 4. Jacques Lacan

7.      El seminario 3. Las psicosis. Jacques Lacan

8.      El seminario 20. Aun. Jacques Lacan

9.      El seminario 19. Ou pire…. Jacques Lacan

10.  El seminario 21. Los incautos... Jacques Lacan

11.  El seminario 22. R.S.I.. Jacques Lacan

12.  El seminario 23. El sinthome. Jacques Lacan


martes, 28 de septiembre de 2010

PSICOANALISIS / Ensayos

LA INCIDENCIA DEL POSTMODERNISMO 

EN LOS SINTOMAS ACTUALES

Por José Méndez (*)

 ¿En qué concierne a lo real esta nueva ciencia? El error de la ciencia que califico de tradicionalpor ser la que proviene del pensamiento de Aristóteles, está en dar por sentado que lo pensado está hecho a imagen del pensamiento, es decir, que el ser piensa (…)¿Qué relación puede haber entre la articulación que constituye el lenguaje y un goce que se revela como sustancia del pensamiento, de ese pensamiento tan fácilmente reflejado en el mundo por la ciencia tradicional? Este goce es el que hace de Dios el ser supremo y que este ser supremo no pueda, Aristóteles dixit, ser otra cosa sino el lugar desde donde se sabe cuál es el bien de todos los otros. No tiene mucho que ver, ¿no es así?, con el pensamiento, si lo consideramos dominado ante todo por la inercia del lenguaje

Jacques Lacan- Seminario 20- Clase 9

 

Focault decía ser un “artificiero”, sus libros debían servir como una caja de herramientas: cada quien podía tomar una frase o idea que posteriormente sirviera para un desarrollo útil y derribar algún muro. Siguiendo esta huella, despliego algunas preguntas sobre una intersección insoslayable: el psicoanálisis y el postmodernismo. Este entrecruzamiento en la época del  Otro que no existe tiene consecuencias; por ejemplo, la ciencia, consecuente con diversos movimientos sociales mundiales, en su afán de negar la no relación sexual, nos introduce -en sus avances- a nuevas modalidades de síntomas en la postmodernidad. Tenemos entonces: descubrimiento del genoma humano, donación de óvulos, fertilización asistida, fertilización en vitro, donación de órganos, trasplantes de órganos, etc, por nombrar algunos. Todos ellos con resonancias sociales, es decir: la modificación de conductas colectivas amoldadas a las neurosis singulares de cada quien en esta nueva época. Si observamos más en detalles estos movimientos de la ciencia es posible observar “una tecnología de poder fino y cotidiano, del poder sobre los cuerpos”, a las cuales se refería Focault.

Como analistas no podemos ubicarnos en forma intemporal en nuestros contextos ni ante los avances de la ciencia. Tampoco emitir juzgamientos, aplaudir ciegamente y sostener discursos humanistas que denuncian a la ciencia sin conciencia. Tendremos que responder con nuestros propios conceptos y los que se construyan con el sujeto del caso por caso, en dónde está excluida la generalidad y la analogía. Así, nuestro límite está marcado.

Intentaré recorrer, en este brevísimo ensayo, tres preguntas: 1) ¿Cómo se constituyen los nuevos síntomas en nuestra cultura?, 2) ¿Cuál fue el punto de viraje hacia los nuevos síntomas?, y 3) ¿Cuál será el quehacer del psicoanálisis en la postmodernidad y ante estas nuevas formas de gozar?

¿Por qué desde la Postmodernidad?

Considero que estamos recientemente transitando la joven postmodernidad, es nuestra época, y la entrecruzo con la frase de Lacan en el Discurso de Roma: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.”. Nunca mejor aplicada al momento actual que nos revela cambios vertiginosos.

Cité, en anteriores escritos, cuestiones que caracterizaban a la Antigüedad, regirse por su propio pasado; a diferencia de la Modernidad que apuntará al futuro. ¿Cuál es el modelo social propuesto por el Postmodernismo?, es muy probable –al menos en estos tiempos- la incertidumbre. Discutible, pues el hombre siempre padeció de incertidumbre, de allí sus síntomas, pero otorguémosle cierto crédito a esta idea –para seguir avanzando provisoriamente- en el sentido de una mayor incertidumbre. Hay rastros de comportamientos sociales que denotan mayores urgencias de suplementación que pueden abonar esta idea de una incertidumbre mayor.

La Modernidad (siglos XVI y XX), se caracterizaba por la idea de progreso que buscaba un futuro de perfección, basado en ciencia, moralidad y arte, con sus contrapartidas de verdad, deber y belleza.  Un modelo que desbarranca por la suma actos humanos que escapan a esos parámetros y revelan un contra-modelo a esas ideas kantianas que pretendieron leyes universales con determinismos basados en la racionalidad, verdad y progreso, un futuro promisorio, etc. Es decir, una aspiración que apuntaba al progreso bajo la razón y la lógica.

La “postmodernidad” (mitad del siglo XX en adelante), hasta nuevo aviso, es una época imprecisa, sin parámetros definidos y con valores que han estallado del molde anterior y tomaron un curso incierto. Tampoco cuenta con un marco teórico definido pues se organiza a medida que transcurre, es decir que no le encontramos una coherencia o unidad. Es –por el momento- híbrida, y su rasgo  – a mi entender- más característicos es el desencantamiento de la razón universal que envolvía a la ciencia, arte y ética en la época Moderna.

El psicoanálisis es postmoderno

También, creo, que el psicoanálisis es producto de la Postmodenidad y nace muy tempranamente  como uno de los primeros anticuerpos de la modernidad: desenmascara la idea de progreso y razón.  Por ejemplo, el tema del goce planteado en Más allá del principio del placer es muy claro y contundente. Esto cambia la perspectiva de la idea de progreso y desvanece la idea del bien colectivo, la lógica, el saber, el esfuerzo voluntario y la razón; y –obviamente- el éxito terapéutico en materia de modificación de psyque. Creo, pues, que no es aventurado decir que el psicoanálisis es un precipitado de la Postmodernidad. Posteriormente,  Jacques Lacan (1901/1981) muestra que su obra es un neto producto de esta época: logra remozar, rectificar, continuar y ampliar la obra de Freud, y aún más: introducir conceptos nuevos, con consecuencias clínicas novedosas. Mantiene, obviamente, la línea freudiana: socava la razón, subvierte la ética y cuestiona la belleza y pone en entredicho la existencia del Otro. La verdad está jugada en el campo de lo real, así el horizonte clínico del psicoanálisis será ese registro imposible: lo real, tan incierto e indefinible, y siempre en fuga a cualquier verdad.

En realidad, el inconsciente siempre estuvo, pero fue puesto a trabajar a partir de Freud con la inevitable consecuencia de “con-mover” la verdad religiosa y de la ciencia.

Lo real de la ciencia y el psicoanálisis

Lo real de la ciencia no es real del psicoanálisis, para aquella será el organismo, para el otro será el Parlêtre -aquel ser que habla-, la noción misma del ser ligado a la lengua. Aquí hay dos conceptos de real, el de la ciencia, el real biológico, aquel que está fuera de la lengua, y el otro, el nuestro, el psicoanalítico, el del ser que habla con su real imposible de acceder y que lo comanda por el hecho de hablar. Lo real para la ciencia será lo que se resiste a su saber obligándola a buscar nuevos rumbos para acceder a ese desconocido o ingeniarse con una nueva teoría que integre eso que desconoce. Así, dos imposibles: el todavía imposible de saber y el imposible definitivo. Si el psicoanálisis es una ciencia, es de lo singular, ya que carece de leyes universales porque se construye de un parlêtre por parlêtre. Y lo más importante: los descubrimientos científicos tienen influencia real sobre el hablanteser.

La ciencia como otro amo dentro de nuestros cuerpos

Es decir, las culturas producen sus síntomas y estos se construyen singularmente en los sujetos, por ejemplo, como producto del culto de la imagen estimulada desde los medios -que construye una presión en el discurso social-para la captura de esos cuerpos en base a un modelo que hace circular las apariencias de perfección y armar nuevos síntomas. Una vez más, desde el saber y el poder los cuerpos están cautivos. Otra, la violencia creciente y la creación –cada vez mayor- para controlar las conductas grupales e individuales. El creciente consumo de tóxicos que retroalimenta el sistema de violencia y control, etc. Es decir, en un análisis superficial se observa que surgen nuevos síntomas sociales recortados por un discurso masivo, desde una perspectiva muy diversificada y con idealizaciones transitorias exigentes. La ciencia no está ajena a estas consecuencias y cuenta con una amplia cuota de poder desde su discurso universitario y de amo otorgado por esa sed de verdad última que requiere la incertidumbre del vivir en el hablanteser.

Ahora bien, dicho de una manera muy generalizada: los descubrimientos de la ciencia tienen una incidencia sobre el real del parlêtre. Por ejemplo, la ciencia del postmodernismo produce consecuencias que modifican aceleradamente la realidad cotidiana con objetos –frecuentemente- de una utilidad sospechosa. En la actualidad, con estos cambios, la realidad exterior tiende a ceder el lugar de lo que hasta ahora era desconocido. Se cede lugar a un real con objetos (a). Y vivimos desprendiéndonos de saber antiguos que tenían lugares inamovibles.

No obstante, existe “otra ciencia”, la que algunos denominan posciencia, aquella en dónde predomina la práctica y los discursos que ocupan el espacio social que durante la modernidad ocupó la ciencia (ciencias de la naturaleza con un visión más allá de leyes universales inmutables, desacralización de los conocimientos sociales a partir de la desconfianza, con críticas a la razón para ampliarla, no limitarla, con apertura a las “irregularidades” que escapan al saber, que reconocen épocas de cambios y dejan de sostener ideologías universales y estáticas, etc. ). Es decir, una ciencia menos duras y más proclive a lo conjetural.

Volvamos al síntoma

Si pensamos -haciendo hipótesis- en el síntoma como indicativo de la época, podemos pensar que (como señalé más arriba): en la Antigüedad los síntomas eran producto del pasado que evitaba cualquier futuro y se sostenían en sus propios valores del pasado. En la Modernidad, respecto del futuro y la perfección. Ahora, en la Postmodernidad creo que podemos pensar el síntoma respecto a una incertidumbre mayor.

Estos modelos sintomáticos, respecto de la angustia, se pueden imaginar con respuestas distintas. Hoy, la incertidumbre inmediata o mayor se presenta descarnada y taponar la angustia exige un modelo de síntoma inmediato, aunque lábil y mutante, que suma gadgets de época.
Si arriesgamos ideas acerca de cómo se manifiestan estos síntomas en esta época del Otro que no existe (léase Postmodernismo), las nuevas tecnologías se orientan cada vez más a producir cambios en las relaciones que tenemos con nuestro cuerpo. La hipótesis que sigue Ian Hacking es que el cuerpo deviene extraño a nosotros, casi un objeto exterior extraído a nosotros mismos.

Siguiendo el rastro de nuestro escrito podemos pensar: ¿Cuáles son las consecuencias del postmodernismo en el cuerpo?. Me respondo: nuevas formas de goces a estudiar. Es decir, habrá nuevas formas de gozar ante la relación sexual que no existe. El goce y sus nuevas formas será el Norte a seguir, de la misma forma que hasta ahora, con la creatividad en el  caso por caso. Siendo el analista un interdictor entre el discurso del poder-ciencia y el sujeto con sus síntomas, con la posibilidad del dispositivo clínico que el psicoanálisis permite.

 

Nuevos caminos del goce

La “muerte” de la pulsión de muerte trata de un más allá de la vida. Esta biología del psicoanálisis  incluye la pulsión de muerte. Una biología más allá de la vida en dónde el ser es tal a través del lenguaje. Tenemos, así: cuerpo, lenguaje y sus consecuencias. De esta forma, desde el mismo momento en que es sujeto del significante no puede identificarse a su cuerpo, precisa su afecto por la imagen de su cuerpo, pero falla en esta identificación entre el ser y el cuerpo. En este hueco, en esta relación de tener con el cuerpo, el psicoanálisis tiene su labor ya que no se interesa por la sustancia viviente como organismo, sino por las pulsiones, es decir por las fuerzas que operan en esa sustancia. Allí el analista está frente a su “quehacer”.

Cito a Lacan: El saber está en el Otro. Es un saber que se sostiene del significante y que no debe nada al conocimiento del viviente. Es decir que la vida misma es la condición para el goce, una condición necesaria, pero insuficiente porque siempre, la vida excede al cuerpo por lo cual sólo hay goce en tanto aquella se presente bajo la forma de un cuerpo viviente. Así, el goce es el afecto del cuerpo y este su sede inevitable.

Recordemos que el significante es causa de goce por lo cual accedemos a la clínica del síntoma como aconteciendo del cuerpo. El síntoma debemos entenderlo, entonces, como goce, como la satisfacción pulsional. Así, si el síntoma es una satisfacción de la pulsión, si es goce condicionado por la vida bajo la forma del cuerpo, nos lleva a que el cuerpo viviente es prevalente en todo síntoma.

El parlettre en esa adoración con su cuerpo halla su consistencia imaginaria, pues como materia pura, orgánica que es, se degrada en el tiempo. Esa consistencia imaginara es insuficiente, es la explicación a los motivos de recurrir al amor, para optar por otro cuerpo en dónde “hacer consistencia” y dando sentido a un goce –siempre parasitario e imposible de eliminar-.

La postmodernidad abre nuevos cauces para el goce del sujeto. Abre o construye nuevos lugares (ni siquiera imaginados) en dónde el goce (siempre el mismo) de cada sujeto se acomoda en forma impensada hasta ahora. La ciencia nunca podrá superar la miserabilidad del ser en su falta, abrirá nuevas puertas para modificar las formas de goce, pues el control sobre el cuerpo, es el control sobre los goces, tan incontrolables e impredecibles que una de las formas es crear gadgest para atraer el goce y sujetarlo momentáneamente hasta la creación de uno nuevo, y así en forma interminable e intermitente, el goce transcurre de artefacto en artefactos para ignorar la falta de relación sexual. Estas nuevas formas de gozar producen síntomas incompresibles en su abordaje mientras no nos sacudamos los efectos de la modernidad.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

-Michel Foucault  en la entrevista con, Roger-Pol Droit (Paidos, 2006)

-Geneviève Morel. Seminario La diferencia de los sexos (1995)

-Geneviève Morel. Seminario Ambigüedades sexuales (2002). Manantial

-María Esther Diaz. Postmodernidad. Editorial Biblos

-María Esther Diaz, La Posciencia. El conocimiento científico en la postrimería de la modernidad. Editorial Biblos.

-Bruno Latour. Nunca fuimos modernos. Siglo XXI editores

-Sexualidades Contemporáneas. Autores Varios. Editorial Pomaire. Venezuela

-El debate Modernidad/Postmodernidad. Autores Varios. Compilador: Nicolas Casullo. -Retórica Ediciones

-Olga González de Molina. Cuerpos a medida (artículo no publicado)

-Ian Hacking.  Página de Ian Hacking en el Collège de France Reseña del libro Representar e intervenir de Ian Hacking, escrita por el historiador de la ciencia Carlos López Beltrán, Entrevista a Ian Hacking

-Sigmund Freud. Más allá del Principio del Pacer. Amorrortu Ediciones

-Jacques Lacan. Seminario 20. Clases 2, 7, 9, 10 y 11 Paidós

-Jacques Alain-Miller. Biología Lacaniana.

-Jacques Alain-Miller. Los signos del goce.

-Jacques Alain-Miller. Lacan y la Modernidad. Revista Seminario Lacaniano. Año 5. N°4/5 (1988)