miércoles, 29 de septiembre de 2010

PSICOANALISIS & GLOBALIZACION

EL TRABAJO “PSI” y LOS EFECTOS de la GLOBALIZACION

¿Cuales son sus honorarios?

(El dinero, la última metáfora)

 José H. Méndez (Nov. 1997)

 

La globalización es consecuencia del mandato político de los grandes centros económicos, la Argentina forma parte de los países que adhieren a este modelo. Los acontecimientos que nos rodean no dejan lugar a dudas que es un orden económico nuevo, por lo cual se imponen estrategias para resolver nuestra vida diaria, como ciudadanos y trabajadores de cualquier profesión. Es obvio que tampoco los profesionales del campo “psi” pueden eludir estos efectos.

La cuestion deL pago de honorarios está en el interior mismo de cualquier tratamiento “psi”, más allá de nuestros gustos, forma una parte sustancial e inamovible de aquel. No importa la línea teórica o escuela con la cual trabajemos.

Responder económicamente por un tratamiento “psi” es una regla tan fundamental como la transferencia, pues se encuentran entrelazadas, pero, ¿Cuál es la justa medida en situaciones de crisis profesional que sobrepasan la imagi­nación de cualquiera en esta profesión?

Ultimamente, contenidos por la globalización y sus efectos, asistimos frecuentemente a la pregunta formulada   de antemano como condición de ini­ciación: ¿Cuáles son sus honorarios?. Esta es la intención del artículo que nos ocupa: delinear cierta posibilidad de pensa­miento a partir de una problemática -delicada- compleja y actual como la retracción de la demanda por los efectos de la globalización.

 Antes de continuar, puntualice­mos brevemente sin mayor análisis algunos temas para entender el propósito del artículo:

 - El manejo de antemano de “honorarios institucionales” obstacu­liza la transfe­rencia en el origen de un tratamiento. No es gratuita en conse­cuencia la estipulación de honorarios “baratos”.

- El honorario “conveniente”  es el emer­gente de una retracción, es la respuesta urgente para mantener el nivel anterior. Pero no implica una pregunta, ni una seria investigación, complicada de por sí por las características del trabajo "psi".

- El “honorario institucional” es un supuesto generador de demanda, pero es sabido que el ofrecimiento abara­tado de pagos no asegura el interés del paciente.

- ¿No es el “honorario institucional” una propuesta muy próxima a la gratuidad en donde el analista está expuesto a los efectos contestatarios del amor transferencial?, pues a pesar de todo, hay “demandantes” que ilusionan una respuesta gratuita.

- Hoy, la sospechosa variedad de “especialidades” del campo “psi” se anun­cia como nunca antes fueron vistas.

Este atrevido resumen de una cuestión tan compleja en brevísimas oraciones -apelando a cierta licencia del lector- podríamos considerarlo como los síntomas visibles de la crisis laboral “psi” producto de la globalización.

No abundaremos acerca del carácter erótico del dinero, a través del cual se prodigan infinitos desvelos por su omnipotencia social. Sabido es las múltiples denominaciones que lo disfrazan para velar su presencia en el centro mismo de cualquier persona.

El pago involucra una renuncia neurótica y es un límite a cualquier tratamiento, es decir que no está por fuera de este, no es externo. Es un elemento íntimo al pago, hay una exigencia profesional de operatividad para la continuidad; si un analista cede, en este aspecto, cae su sostén.

Una de las características sobresalientes de los efectos de las economías globalizadas es la falta de trabajo y consecuen­temente la retracción en la demanda de servicios. Precisamente la retracción produce el aumento de oferta hasta sobreabundarla.

Esto es anecdótico y más o menos supuesto, o sabido por todos los “psi”, pero que requiere un análisis de las conse­cuencias en el trabajo concreto del consultorio.

Hace algunos años -década del ’80- era impensado ofertarse publicita­riamente por medios gráficos, radiales o televisivos; provocaba miradas recelosas de los propios colegas. Sólo en una década hemos asistimos a las más variadas ofertas del ámbito “psi” que metaforizan la cuestión del pago con frases cortas y contundentes (honorarios institucionales, honorarios a convenir, bono contribución, etc.).

La ley del mercado se cumplió, la demanda bajó, y la sobreabundancia de oferta dio nacimiento a  las metáforas mencionadas. Son producto de una demanda velada que revelan la falta de trabajo.

Una crítica observación permite vislumbrar que apuntan a una sola cuestión: funcionan como atajos del recibir de otro.

La cuestión no es tan simple, abre muchos interrogantes que sólo pueden ser respondidos en pequeños grupos, o en la soledad de una confidente conversación. ¿El tema puntual es el dinero o el recibir de otro?, ¿Es el dinero o los atajos seguros de su recepción?

Las cuestiones del dinero son temas potenciales para la perturbación transferencial, que no escapa a otra producción social: las instituciones. En este sentido la intermediación institucional parece surgir como un recurso “diplo­mático” para resolver la captación de trabajo. Nos vemos, entonces, reconducidos a otras pregunta: ¿es recibir o poder trabajar? O ¿es trabajar para ser reconocido?

 No se trata de las modalidades individuales respecto a cierta instrumentación “técnica” del cobro de los honorarios, sino de una cuestión global que se entromete en el corazón del mismo problema crucial: el pago de sesiones. Me refiero a la retracción del trabajo por el efecto en cadena que produce el estrechamiento del mercado económico que abarca a todos los campos sin excepción, en especial al referido a servicios.

Los efectos son previsibles: retracción de demanda, mayor tiempo libre, menores ingresos, preocupación, ajustes de presupuestos, recortes familiares y profesionales en elementos, libros, supervisiones, etc.

¿Cómo logra ubicarse un “psi “en esta nueva situación (que promete quedarse) sin resentir un trabajo tan sensiblemente emparentado con el sufrimiento humano?

La cuestión de la crisis, ¿obliga a tomar “cualquier cosa” y hacerla durar hasta donde se pueda?, ¿Las carac­te­rís­ticas del trabajo “psi” lo resisten?

 Si estamos asistiendo hoy a un reacomodamiento luego del explosivo momento “psi” de los comienzos de los ’80, la actual situación y los vertiginosos cambios a nivel planeta ¿no llegó, entonces, el momento de comenzar a replantearnos los temas críticos acerca de la subsistencia de la profesión “psi” en los años futuros?

Una ligera observación, nos muestra en la actualidad que una mayoría creciente de analistas comparte su tiempo en dos actividades, a veces afines, otras no tanto. Las necesidades económicas parecen haber desviado los caminos y fuerzan por el desvío de necesarias posturas éticas para trabajar, a cambio de urgencias económicas.

El campo de la clínica “psi”, en  general y en su gran mayoría, no permite de por sí, una acumulación importante de ganancias como en otras profesiones. Los figurones “psi” de las décadas anteriores fueron durante mucho tiempo un espejismo para muchos, pero el postmodernismo se encargó de ellos y hoy deben adaptarse a los honorarios de los tiempos.

El reacomodamiento obligado por la economía activó el ingenio del espectro y encontramos cada vez más “especialidades”, impensadas hace algunos años. Y no es precisamente porque existen antiguos y grandes centros de investigaciones que están poniendo en marcha sus resultados.

 El impacto de la economía nacional nos encuentra por igual a todos, con otra circunstancia agravante en nuestro caso: predomina el modelo de tarea solitaria, con un tema ríspido (como el dinero), en un campo estrictamente individual, confidencial y singular; dispersos por la urgencia de continuar siendo un “psi” y envueltos también en los infaltables egoísmos personales y profesionales. Esto sin duda agrava más una situación impuesta con una velocidad alarmante que no permite pensar colectivamente muchas salidas.

Demás está decir que toda esta nota es opinable. Si en algún campo es difícil realizar estadísticas, es en este. En definitiva las experiencias son en su gran mayoría unipersonales o grupales, tomadas de observaciones y experiencias propias, lecturas de otros, charlas con colegas, etc., que no evitan opinar y preocuparse por el destino de una profesión que se ama y sobre la cual están construidos asuntos éticos personales, antes que económicos.

 Sin dudas, la época “global” contribuye a contraer las aspiraciones personales y alienta las urgencias cotidianas, relegando las posibilidades de los temas importantes. Hemos demorado mucho tiempo en reaccionar ante esta experiencia. Los próximos tiempos anuncian cambios ¿Cómo nos encontrarán?


 

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